Cuando el talentoso novelista inglés Charles Dickens imaginó la trama de la novela “David Copperfield”, el ilusionista estadounidense que asombró al mundo con trucos como el de hacer desaparecer la Estatua de la Libertad o el de levitar sobre el Gran Cañón, todavía no había sido ni siquiera gestado.
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David CopperfieldEl también creador de obras como “Cuento de Navidad” y “Nicholas Nickleby” elaboró el trabajo que aparece mencionado en el título de este artículo entre 1848 y 1850. Al terminarlo, el autor comenzó a publicar el material por capítulos mensuales, pero con los años se pudo conseguir el libro completo.
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Para Dickens, elaborar “David Copperfield” no fue una tarea más. Según confesó en una oportunidad, de todos los textos que desarrolló a lo largo de su trayectoria el que más le gustó fue éste. No por casualidad, el escritor se refería a esta exitosa novela de perfil autobiográfico como a su “hijo preferido”.
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Leer el contenido de “David Copperfield” es sumergirse en el fantástico mundo de un personaje que, tras acumular hermosos momentos junto a su madre antes de que ella contrajera matrimonio con el malvado señor Murdstone, es enviado a un internado. Allí, lejos de su universo de niño feliz, David se ve obligado a enfrentarse a la crueldad de compañeros y algunos maestros.
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Aunque no sea el entorno ideal, ese ambiente del Salem House, al igual que la fábrica de betún que lo tendrá como empleado, será testigo del crecimiento de un joven huérfano de padre que, con el paso del tiempo, logrará torcer su desdichado destino y encontrar, al menos por unos instantes, la felicidad que, durante tantos años, le resultó esquiva.
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Como todo resumen, los párrafos que preceden a estas líneas quizás no alcancen para describir por completo el espíritu de esta interesante y maravillosa novela de Charles Dickens.