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terça-feira, 24 de agosto de 2010

DAS KAPITAL de Amiri Baraka


martes, 18 de diciembre de 2007


DAS KAPITAL

Estrangulando mujeres en los baldíos de los suburbios sus cuerpos pudriéndose por ahí mientras se beben martinis los viajeros abonados buscando su ejemplar del New Yorker sienten un chiflón y más tarde podrán ponerse más borrachos
mientras ven en la tele el programa repetido sobre Ford. Habrá ríos de ellos bajándose, saliendo por ahí por donde las mataron. Dos de ellas estranguladas por el maniático.
Hay maniáticos ocultos por todos lados, ¿qué no los ves? Docenas y docenas, toneladas de maniáticos (aunque son una minoría). Pero nos aterrorizan de manera uniforme, por todos lados observamos las paredes de nuestras casas, los botes de basura repletos desperdigados por nuestras descuidadas ciudades, y podría darnos
pavor. Una rata se escurre junto a nosotros de pasada a un banquete, ¿no oyes los
brindis que se echan a través de las paredes, llenas de rumores de ratas? Fogonazos, el
hijo de alguna mujer tropezará para morir con un charco de sangre alrededor de la cabeza. Eso no
lo hará el maniático. Estas casas viejas se desmoronan, los desempleados se caen, ruedan al lado nuestro,
desesperados, con los dedos cenicientos, acosados. El aire es frío el invierno se acumula encima de nosotros y se consolida grado
tras grado. Necesitamos una aspirina o algo y apretarnos mucho los sacos. El hombre calvo en la televisión va
por un camino arbolado no es posible aguantar, ni entender, su desabrida ignorancia. La
gente cambia de canalen busca de Good Times y se encuentra a un negro con un sombrero
metido hasta las narices. Resplandores de maniáticas sombras
antes de ir a la cama, antes de bajar la cortina puedes ver que las hojas están
siendo desperdigadas calle abajo ya es demasiado oscuro para ver qué hay escrito en ellas, las fechas, y
lo mucho que debemos. Las calles también pronto van a estar vacías, después de que los fieles regresen a sus
casas de la iglesia, ya salvados de nuevo del Maniaco... excepto que un close-up al rostro del místico mayor, la cara rodando hasta sus manos, te provoca escalofríos por todo el cuerpo, y buscas rastros de la vida de los
maniáticos. Incluso allí, entre los mitofrénicos.

¿Qué puedes hacer? Ya es hora al fin de irse a la cama. Las sombras se
cierran alrededor y el cuarto está callado Casi todos sabemos que hay un maniático suelto. Nuestras vidas un
amasijo de frustraciones y de insatisfechas capacidades. Las chicas muertas, el ruido de las ratas, las sombrías y
relampagueantes luces, la voz muerta en la televisión, ¿había sangre y pelos bajo las uñas del predicador?
Nos quedamos rumiando

algunas otras pistas mientras nos vamos a dormir, los esqueletos de
los billetes de dólar, restos del muerto y gastado trabajo, nos alejan de la escena del crimen, hasta que en una
especie de ataque recordamos que cualquier lugar es la escena del crimen. Y mañana tener que enfrentar que eso gime
a través de nosotros como el viento, tener que enfrentarlo, como una vieja canción en radio city, al trabajar por el
dólarrr gringo, cuando éramos
niños, y entonces pensábamos que no era el viento, sino el maniático rascando
nuestras ventanas. Quién es el maniático, y por qué en todos los lados y al
mismo tiempo...

versión Pedro Serrano
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Publicado por wineruda @ 16:01
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Amiri BarakaAmiri Baraka, born in 1934, in Newark, New Jersey, USA, is the author of over 40 books of essays, poems, drama, and music history and criticism, a poet icon and revolutionary political activist who has recited poetry and lectured on cultural and political issues extensively in the USA, the Caribbean, Africa, and Europe.
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With influences on his work ranging from musical orishas such as Ornette Coleman, John Coltrane, Thelonius Monk, and Sun Ra to the Cuban Revolution, Malcolm X and world revolutionary movements, Baraka is renowned as the founder of the Black Arts Movement in Harlem in the 1960s that became, though short-lived, the virtual blueprint for a new American theater aesthetics. The movement and his published and performance work, such as the signature study on African-American music, Blues People (1963) and the play Dutchman (1963) practically seeded “the cultural corollary to black nationalism” of that revolutionary American milieu.
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Other titles range from Selected Poetry of Amiri Baraka/LeRoi Jones (1979), to The Music (1987), a fascinating collection of poems and monographs on Jazz and Blues authored by Baraka and his wife and poet Amina, and his boldly sortied essays, The Essence of Reparations (2003).
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He has been the subject of numerous documentary films including Mario Van Peeble's Poetic License for The Sundance Channel and St. Clair Bourne's In Motion: Amiri Baraka. He has also appeared in dozens of films including, most recently, M.K. Asante, Jr's award-winning documentary The Black Candle.
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The Essence of Reparations is Baraka’s first published collection of essays in book form radically exploring what is sure to become a twenty-first century watershed movement of Black peoples to the interrelated issues of racism, national oppression, colonialism, neo-colonialism, self-determination and national and human liberation, which he has long been addressing creatively and critically. It has been said that Amiri Baraka is committed to social justice like no other American writer. He has taught at Yale, Columbia, and the State University of New York at Stony Brook.
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Somebody Blew Up America & Other Poems is Baraka’s first collection of poems published in the Caribbean and includes the title poem that has headlined him in the media in ways rare to poets and authors. The recital of the poem “that mattered” engaged the poet warrior in a battle royal with the very governor of New Jersey and with a legion of detractors demanding his resignation as the state’s Poet Laureate because of Somebody Blew Up America’s provocatively poetic inquiry (in a few lines of the poem) about who knew beforehand about the New York City World Trade Center bombings in 2001.
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The poem’s own detonation caused the author’s photo and words to be splashed across the pages of New York’s Amsterdam News and the New York Times and to be featured on CNN--to name a few US city, state and national and international media.
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Baraka lives in Newark with his wife and author Amina Baraka; they have five children and head up the word-music ensemble, Blue Ark: The Word Ship and co-direct Kimako’s Blues People, the “artspace” housed in their theater basement for some fifteen years.
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His awards and honors include an Obie, the American Academy of Arts & Letters award, the James Weldon Johnson Medal for contributions to the arts, Rockefeller Foundation and National Endowment for the Arts grants, Professor Emeritus at the State university of New York at Stony Brook, and the Poet Laureate of New Jersey.



© Amiri Baraka
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http://www.amiribaraka.com/
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Amiri Baraka - Wikipedia, the free encyclopedia

 - Amiri Baraka (born October 7, 1934), formerly known as LeRoi Jones, is an American writer of poetry, drama, fiction, essays, and music criticism. ...
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sábado, 7 de agosto de 2010

Vida e Obra de Attila József

 


miércoles, 31 de mayo de 2006


CURRICULUM VITAE
(Febrero, 1937)


Nací en 1905, en Budapest, soy ortodoxo de religión. Mi padre —el extinto Áron József— se expatrió cuando yo tenía tres años y la Asistencia Pública me envió a Öcsöd, donde fui criado por campesinos. Fue allí donde viví hasta la edad de siete años. Trabajaba como lo hacen en general los niños pobres del campo; cuidaba cochinos. Cuando cumplí siete años, mi madre —la extinta Borbála Pócze— me llevó de nuevo a Budapest y me inscribió en el segundo grado de la escuela primaria. Mi madre lavaba y hacía trabajos domésticos para mantenernos a mis dos hermanas y a mí. Ella trabajaba en casas ajenas y allí permanecía de la mañana a la noche. Entregado a mí mismo, sin vigilancia, yo vagabundeaba y mataba el tiempo. Pero en mi libro de lectura de tercer grado hallé historias interesantes acerca del rey Attila y me lancé a la lectura.

Los cuentos relativos al rey de los hunos no sólo me interesaban porque yo también me llamaba Attila, sino porque en Öcsöd mis padres adoptivos me habían llamado Pista(1). Después de un conciliábulo entre los vecinos, escuchado por mí, ellos habían llegado a la conclusión de que el nombre de Attila no existía. Esto me había llenado de estupor, como si fuera mi propia existencia lo que ponían en duda. El descubrimiento de las historias del rey Attila ejerció, creo yo, una influencia decisiva sobre mi orientación y, en fin de cuentas, a ello se debe que yo me haya vuelto hacia la literatura, que haya aprendido a reflexionar, y que me haya convertido en un hombre que escucha las opiniones ajenas, pero pasándolas por el tamiz de su propia experiencia; un hombre que responde cuando le llaman Pista, antes de haber verificado lo que pensaba en el fondo de sí mismo, es decir, que su nombre era Attila.

Contaba nueve años de edad cuando estalló la guerra mundial. Nuestra suerte empeoraba sin cesar. Tenía que hacer la cola frente a las tiendas. A veces yo tomaba mi turno en la tienda de víveres a las nueve de la noche, y a las siete y media de la mañana, cuando llegaba mi número, se reían en mis narices diciéndome que ya no había grasa.
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Ayudaba a mi madre como podía. Vendía agua en el cinematógrafo Világ. Para calentarnos, robaba carbón y madera en la estación de Ferencváros. Confeccionaba juguetes de papeles de colores y se los vendía a los niños más ricos que yo. Llevaba cestas y paquetes al mercado, etcétera.

Durante el verano de 1918, pasé unas vacaciones en Abazia gracias a la Acción Real para las Vacaciones de los Niños. En esta época mi madre ya estaba enferma, tenía un fibroma y yo mismo me presenté en la Asistencia Pública: fue así como partí para una breve estadía en Monor. De regreso en Budapest, vendí periódicos, comercié con sellos y luego con billetes blancos y azules(2) como un aprendiz de banquero. Durante la ocupación rumana, vendí pan en el café Emke. Entre tanto, después de haber terminado el quinto grado de la escuela primaria, asistí al Curso Complementario.

Durante las navidades de 1919, mi madre murió y el Servicio de Huérfanos escogió como tutor a mi cuñado Ödön Makai, el cual acaba de morir. Durante una primavera y un verano, trabajé a bordo de las barcazas Vihar, Török y Tatár de la compañía de navegación Atlánica. Después, sin haber asistido a las clases, pasé el examen de cuarto grado del Curso Complementario y me gradué, luego de lo cual mi tutor y el doctor Sándor Giesswein me enviaron al seminario de los Hermanos Salesianos en Nyergesújfalu. No permanecí allí más que quince días en total debido a mi condición de ortodoxo y no de católico. De allí fui enviado a Makó, al colegio Demke, donde no demoré en obtener una plaza gratuita. En verano, daba clases en Mezóhegyes a cambio de la comida y el alojamiento. Terminé el sexto grado del liceo con la mención de sobresaliente. Y no obstante, debido a los trastornos ocasionados por la pubertad, yo había intentado suicidarme en varias ocasiones. Es cierto que no tenía entonces, como antes, nadie cerca de mí que me guiara con sus consejos amistosos. Fue en esa misma época cuando aparecieron mis primeros versos. La revista Nyugat(3) publicó poemas que había escrito a la edad de diecisiete años. Me consideraron un niño prodigio, y sin embargo no era sino un huérfano. Al terminar el sexto grado, abandoné el liceo y el internado, pues, en mi aislamiento, me sentía desocupado: no estudiaba, pues me sabía la lección tan pronto el profesor la explicaba, mi certificado y la mención de sobresaliente dan, por otra parte, fe de ello. Trabajé en Kiszombor como obrero agrícola, jornalero, y luego me contrataron como preceptor. Aconsejado por dos de mis profesores, que sentían afecto por mí, decidí, no obstante, presentarme al bachillerato. Pasé el examen de séptimo y octavo grados de una sola vez y así terminé un año más temprano que mis antiguos condiscípulos. Sin embargo, como no había dispuesto más que de tres meses para estudiar, pasé el examen de séptimo grado con buenos resultados, pero el de octavo con notas mediocres. Mi carné de bachillerato presentaba notas mejores que el de octavo grado. Sólo en húngaro y en historia obtuve el aprobado. Ya en aquella época me habían acusado por haber blasfemado el nombre de Dios en un poema: el Tribunal Supremo me absolvió.

Luego de haber sido durante cierto tiempo representante de librería en Budapest, en la época de la inflación fui empleado por el banco Mauthner. Después de la introducción del sistema Hintz, me pasaron a la contabilidad y, para gran disgusto de mis compañeros de más edad, fui encargado de controlar los valores que estaba permitido emitir los días de pago. Mi voluntad de trabajo fue un tanto lesionada por el hecho de que mis mencionados colegas echaban sobre mí una parte de su propio trabajo, que de ese modo yo tenía que realizar aparte del mío. Además, ellos no dejaban de fastidiarme a causa de mis poemas que se publicaban en la prensa. "Cuando yo tenía su edad, también escribía versos", decían. Más tarde, el banco quebró.

Decidí que al fin y al cabo sería escritor y que trataría de hallar alguna ocupación burguesa en relación estrecha con la literatura. Me inscribí en la Facultad de Letras de Szeged para estudiar húngaro, francés, y filosofía. La matrícula comprendía cincuenta y dos horas de clases por semana y, al fin del semestre, pasé un examen obteniendo la mención de sobresaliente. Pagaba mi alojamiento con los honorarios de mis poemas publicados.

Me había sentido muy orgulloso de que mi profesor Lajos Dézsi me estimara con aptitudes para emprender estudios independientes. Pero quedé definitivamente desalentado cuando el profesor Antal Horger, con quien debía pasar el examen de lingüística húngara, me declaró, ante dos testigos —aun hoy sé sus nombres; ellos son profesores— que, mientras él viviera, yo nunca podría llegar a ser profesor de liceo. "Pues, me dijo, poniéndome en la cara un ejemplar del periódico Szeged, a un hombre que escribe semejantes cosas, nosotros no podríamos confiarle la educación de las generaciones futuras". Se habla a menudo de la ironía de la suerte y aquella en realidad fue una ironía, pues el poema incriminado, Corazón puro, pronto se volvió célebre. Siete artículos le fueron consagrados.

Lajos Hatvany ha declarado en varias ocasiones que "para conocimiento de los tiempos futuros" aquel era el testimonio de toda la generación de post-guerra. Ignotus, por su parte, acariciaba, mimaba, mecía, murmuraba este maravilloso poema, según escribió en la revista Nyugat, y en su arte poética lo presentó como modelo de la nueva poesía.

Al año siguiente —yo tenía entonces veinte— fui a Viena y me inscribí en la Universidad. Para vivir, vendía periódicos a la entrada del Rathaus-Keller y realizaba la limpieza de los locales de la Academia Húngara de Viena. Cuando el director, Antal Lábán, se enteró, quiso que aquello terminara. Ordenó que me dieran la comida en el Collegium Hungaricum y me consiguió alumnos: los dos hijos del director general del Banco Anglo-Austríaco, Zoltán Hajdu. De Viena, donde yo me albergaba en la miseria (no me había acostado en sábanas durante cuatro meses), me convertí, sin transición, en el huésped del castillo Hatvany, en Hatvan, y luego que la dueña de la casa, señora de Albert Hirsch, me suministró dinero para el viaje, partí hacia París a fines del verano. Allí, me inscribí en La Sorbona.

El verano siguiente fui a la costa del mediodía de Francia, a un pueblo de pescadores.

Luego regresé a Pest. Asistí durante dos semestres a los cursos de la Facultad de Budapest: no realicé sin embargo mis exámenes de profesorado pues, evocando la amenaza de Antal Horger, estaba convencido de que de ningún modo obtendría una plaza. El lnstituto del Comercio Exterior me empleó entonces, desde su creación, en trabajos de correspondencia en húngaro y en francés. Mi antiguo director general, el señor Sándor Kóródi, está dispuesto, creo yo, a dar referencias acerca de mí. En esa época, no obstante, la suerte me golpeó de modo tan imprevisto que, por más endurecido que yo estuviese, no lo pude soportar. Primero me enviaron a un sanatorio, luego me dieron permiso por enfermedad, a causa de mi neurastenia. Abandoné mi oficina, comprendiendo que, siendo tan joven, no podía permanecer a cargo de una institución. Desde entonces vivo de lo que escribo. Soy redactor de la revista literaria y crítica Szép Szó (4).

Además de mi lengua materna, el húngaro, escribo y leo el francés, y escribo perfectamente a máquina. He aprendido igualmente la taquigrafía: un mes de práctica sería suficiente para refrescar mis conocimientos. Tengo alguna experiencia en materia de emplane de periódicos. Sé componer según las reglas. Me considero un hombre de honor, creo poseer agilidad mental y constancia en el trabajo.

Attila József


(1) Diminutivo de Iván.
(2) Durante la inflación que se produjo en Hungría en los años de post-guerra. circulaban dos tipos diferentes de billetes, unos blancos y otros azules, con los cuales se especulaba. Los primeros tenían más valor que los segundos. (3) Occidente.
(4) Argumento.






CORAZÓN PURO

No tengo padre ni madre,
no tengo beso ni amante.
Vivo sin Dios y sin patria,
y sin cuna y sin mortaja.

Van tres días que no como
nada, ni mucho ni poco.
Pongo en venta mis veinte años,
la potencia de mi estado.

Si nadie los compra luego,
que el diablo arree con ellos.
Corazón puro: robar —
¿por qué no?— y hasta matar.

Me capturan y me cuelgan
y en tierra santa me entierran.
Y una hierba en que viaja la muerte
sobre mi corazón crece y crece.

(1925.)


SIN LLAMAR

Si te quiero, en mi casa sin llamar
puedes entrar.
Pero fíjate muy bien:
te acostaré en bolsas de paja — susurrante paja
que suspira en el polvo.

En un vaso he de traerte el agua fresca,
limpiaré tus zapatos antes de que hayas partido —
acá nadie ha de estorbarnos,
de modo que tranquilamente puedes inclinarte y
remendar la ropa.
El silencio es un silencio enorme. Pero yo te hablo.
Si estás cansado, siéntate en mi silla, la única que tengo.
Si hace calor, quítate corbata y cuello.
Si tienes hambre, acepta como plato un papel blanco;
pero si hallamos algo más,
entonces déjame que también yo coma. También yo,
también yo tengo hambre.

Si te quiero, en mi casa sin llamar
puedes entrar.
Pero fíjate muy bien:
me dolería que después huyeses.





TRABAJADORES

Se agitan los imperios capitalistas. Muévense.
Les rechinan los dientes desmembrando al planeta.
Devoran la suave Asia, el África erizada.
Y como a nidos echan abajo nuestros pueblos.
El mar, un productor voraz, sólo es saliva.
Eructa la amarilla boca del capital
en los agazapados países. Pegajosas
nubes de fetidez caen sobre nosotros.

Y en la zona violenta de la ciudad, en donde
muele el molar, en donde planea el aire férreo
de las minas, en donde patalea la máquina,
chasquea la polea, clama el listón y zumba
la cadena y chillidos trasformadores chupan
los pezones metálicos del dínamo, acá,
acá sobrevivimos. Y nuestra suerte está
poblada de mujeres, niños y agitadores.

¡Acá vivimos! Red convulsa nuestros nervios,
en ella se debate el huidizo pasado.
El jornal —precio de la fuerza del trabajo—
maúlla en el bolsillo. Y así vamos a casa.
Una hoja de diario sobre la mesa, y pan.
Y en la hoja: que todos, que todos somos libres.
Perseguimos las chinches con el goce y la lámpara.
Nos creemos gran cosa con un cuarto de vino.

Camarada y soplón cruzan por el silencio.
Un borracho tropieza. Un joven va al prostíbulo.
La noche, boca abajo, deja caer sus pechos
con sarpullido, como una camisa sucia,
bajo el humo. Dormimos roncando, destrozados,
espalda contra espalda —pilas de leños huecos—,
y el moho en la pared semiderruida marca
las húmedas fronteras de nuestra triste patria.

Pero —¡mis camaradas!— éstos son los peones
que en la lucha de clases se vistieron de acero.
Y nosotros con ellos, cual chimeneas: ¡ved!
Nos ocultamos, como perseguidos, por ellos.
¡Así está preparándose el mundo, a la cadena
de la historia montado, donde la clase obrera
clavará sobre todas las fábricas oscuras
la estrella, sí, la estrella, roja estrella del Hombre!

(1931.)


BALADA

Hornea el pan en débil luz de gas,
pon a cocer ladrillos colorados,
desuéllese tu mano por la azada,
ponte de espaldas y haz el encofrado,
puedes venderte: ondeen tus polleras,
puedes ir a estibar en el mercado:
ten un oficio o hazte un destajista —
las ganancias a los capitalistas.

Anda a enjuagar la seda con bencina,
las cebollas cosecha acuclillado,
degüella cabras que por ti berrean,
que el pantalón te salga bien cortado,
si te echan, ¿qué tienes por ganar?,
¡vamos!, prosigue si es que has terminado:
¿mendigas?, ¿robas?, ¡Que la ley te asista!
las ganancias a los capitalistas.

Compone poesías suspirantes,
escabecha jamón de Praga ahumado,
saca carbón, extrae hierbas santas,
el secreto contable ten guardado,

ponte una gorra con galón de oro,
vive en París o en Szatymaz nublado:
cuando tu paga esté por fin bien lista
las ganancias a los capitalistas.

Detente, Attila: qué aburrido estás.
Sabes que tú no vives de caviar.
Ya trabajes, ya seas un huelguista —
las ganancias a los capitalistas.

(1933.)


SÓLO ÉL LEA

Sólo lea mis poemas
quien cierto como el profeta
bogando en la nada viene
y me conoce y me quiere,

porque apareció en mis sueños
tallado en hombre el silencio
y en su corazón discurren
el tigre y la mansedumbre.

(1937.)

FUGACES RECUERDOS(*)

Fugaces recuerdos, ¿en dónde desaparecisteis?
Mi corazón, pesaroso, quiere echarse a llorar.
Ya no puedo vivir sin vosotros.
Lo que mis manos tocan no toca ya mis manos.
¿Acaso no soy digno de jugar otro poco?
¡Frágiles mariposas, venid, volad aquí!
Fugaces recuerdos, soldaditos de plomo
que tanto anhelé otrora
y cuyas bayonetas supe enderezar
¡Turcos, bóers, venid, rodeadme aquí!
¡Oh, cañoncitos, formad las baterías!
Tan pesaroso está mi corazón... ¡Ay, defendedme!

(*)Esta poesía fue escrita tres días antes del suicidio del poeta bajo las ruedas de un tren.
Publicado por Goizeder @ 23:14
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Hiperligação enviada por  Judite
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Encontrei uma página em espanhol do poeta húngaro Attila József que te envio. Ele foi um poeta comunista e proletário nos anos 1920-30.
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http://atlasdepoesia.blogcindario.com/2006/05/00119-poemas-de-attila-jozsef.html
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